TOC en la adolescencia: cuando no es una manía de la edad

Rehace los deberes hasta romper la hoja porque «no está bien». Revisa la mochila una y otra vez antes de salir. Os pregunta lo mismo muchas veces para que le tranquilicéis. Tarda horas en acostarse.

Muchas familias lo viven como una manía de la edad que ya se le pasará. A veces es así. Pero otras veces es trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y conviene saber distinguirlo, porque el TOC tiene tratamiento y la adolescencia es un momento especialmente importante para abordarlo.

La pregunta clave

No importa tanto lo extraño que parezca el ritual, sino lo que le cuesta. Si le quita mucho tiempo, le genera malestar o le impide hacer su vida (estudiar, quedar, dormir), merece la pena valorarlo con un profesional.

Cuándo aparece y por qué cuesta detectarlo

El TOC no es un trastorno «de adultos». Suele aparecer en dos momentos: entre los 7 y los 12 años, y al final de la adolescencia o el inicio de la edad adulta. Se estima que al menos 1 de cada 100 niños y adolescentes lo tiene (International OCD Foundation), y la gran mayoría de los casos empiezan en la infancia o la adolescencia (Geller et al., 2021).

Sin embargo, suele pasar mucho tiempo hasta que se detecta. De media, niños y adolescentes conviven con los síntomas unos dos años y medio antes de una evaluación profesional, y pasa otro año y medio hasta que reciben tratamiento. Una de las razones es que a esta edad tienden a ocultarlo: les da vergüenza, no saben explicarlo o temen lo que pensarán los demás.

Por qué tratarlo en la adolescencia es tan importante

La adolescencia es la etapa en la que se abre el abanico: se eligen estudios, se construyen amistades, se gana autonomía. Cuando el TOC ocupa ese espacio, puede ir cerrando puertas sin que nadie se dé cuenta.

En los estudios

En un estudio con los registros de toda Suecia, las personas con TOC tenían entre un 40 % y un 60 % menos de probabilidades de completar cada etapa educativa. El impacto era mayor cuando el diagnóstico llegaba antes de los 18 años (Pérez-Vigil et al., 2018).

En la vida social

Los propios adolescentes señalan el instituto como lo más afectado, mientras que sus padres destacan sobre todo la vida social: dejar de quedar, evitar planes, aislarse (du Plessis et al., 2022).

En el pronóstico

En un seguimiento de 142 jóvenes, el factor que más se asoció a que el TOC persistiera años después fue cuánto tiempo llevaban con él cuando se les evaluó (Micali et al., 2010).

No os lo contamos para alarmaros, sino por lo contrario: cuanto antes se trata, menos terreno pierde y mejor responde. Esperar a que «se le pase» tiene un coste que se puede evitar.

Pensamientos que asustan y no se cuentan

Muchos adolescentes con TOC tienen pensamientos que les asustan: hacer daño a alguien, haberse contaminado, haber hecho algo mal sin darse cuenta. Y muchos no lo cuentan porque creen que tener ese pensamiento dice algo terrible de ellos.

El 94 % de las personas tiene pensamientos intrusos no deseados, lo que marca la diferencia no es el pensamiento, sino cómo se interpreta y qué se hace para controlarlo.

Así lo encontró un estudio internacional con 777 personas de 13 países (Radomsky et al., 2014). En el TOC, estos pensamientos aparecen con más frecuencia y angustian mucho más, pero su contenido es similar al de cualquier persona. Saberlo, por sí solo, ya alivia a muchos chicos y chicas.

Por qué el ritual nunca es suficiente

El TOC funciona como un círculo que se alimenta a sí mismo:

  1. Aparece la obsesión: un pensamiento, imagen o duda que genera mucha ansiedad.
  2. Llega la compulsión: comprobar, lavar, repetir, preguntar o neutralizar mentalmente para calmar esa ansiedad.
  3. Alivio momentáneo: la ansiedad baja durante un rato.
  4. El TOC se refuerza: el cerebro aprende que el ritual era necesario, y la próxima vez pide más.

La familia: no es culpa vuestra, pero sí formáis parte de la solución

Lo primero, y lo más importante: el TOC no lo causan los padres. Pero cuando un hijo o una hija tiene TOC, es muy habitual que la familia acabe entrando en los rituales sin querer, con la mejor intención de ayudar. A esto se le llama acomodación familiar, y suele tomar formas como estas:

  • Contestar una y otra vez la misma pregunta para tranquilizarle.
  • Ayudarle con los rituales (lavar, comprobar, ordenar por él o ella).
  • Evitar situaciones, objetos o lugares que le generan ansiedad.
  • Cambiar rutinas o planes familiares para que el TOC «no se active».

El problema es que tranquilizar o facilitar el ritual alivia en el momento, pero alimenta el círculo. La investigación ha encontrado una relación clara entre la acomodación familiar y la gravedad de los síntomas (Wu et al., 2016). Por eso, en el tratamiento del TOC en menores, la familia se implica: no para dejarle solo con su ansiedad, sino para aprender a acompañarle de otra manera.

Qué tratamiento funciona en adolescentes

La terapia cognitivo-conductual (TCC) con exposición y prevención de respuesta (EPR) es la primera intervención recomendada para niños y adolescentes con TOC (Geller et al., 2021). La guía clínica británica NICE recomienda además que, en menores, este tratamiento implique a la familia.

¿Qué es la EPR, en sencillo?

Acercarse poco a poco, y acompañado, a aquello que el TOC teme, sin hacer el ritual. Paso a paso, sin forzar y a su ritmo, el adolescente comprueba que puede tolerar la ansiedad y que no necesita obedecer al TOC.

En algunos casos, sobre todo cuando el TOC es moderado o grave y la terapia sola no es suficiente, se valora añadir medicación. Es una decisión que se toma caso a caso, con un psiquiatra.

¿Funciona en grupo?

Sí. En un estudio con jóvenes de 8 a 19 años que comparó la terapia cognitivo-conductual familiar en formato individual y en grupo, ambos formatos funcionaron por igual. Entre 12 y 18 meses después, el 84 % de quienes hicieron el grupo y el 70 % de quienes hicieron terapia individual ya no cumplían criterios de TOC, sin diferencias significativas entre ambos (Barrett et al., 2004, 2005). Es un estudio pequeño, pero sus resultados son alentadores.

Además, el grupo aporta algo que la consulta individual no puede dar: darse cuenta de que no es el único. Para un adolescente que lleva tiempo escondiendo lo que le pasa, compartir espacio con otros chicos y chicas que le entienden puede ser un gran alivio.

Grupo abierto · Zaragoza y online

Grupo terapéutico de TOC para adolescentes

Por todo esto ponemos en marcha un grupo reducido para adolescentes con TOC, guiado por psicólogas sanitarias especializadas en TOC (Esther Pérez y Sara Fernández) y basado en EPR y terapia cognitivo-conductual.

  • ✓Grupo quincenal de 60 minutos, en horario de tarde, para [EDADES].
  • ✓Presencial en Paseo Sagasta 7 (Zaragoza) u online en directo.
  • ✓Sesión trimestral para madres, padres o tutores, incluida en la cuota.
  • ✓Compatible con su psicóloga o psiquiatra actual: nos coordinamos.
  • ✓Grupo abierto: podéis incorporaros en cualquier momento.

El primer paso es una llamada informativa gratuita con la familia y una entrevista breve con el adolescente, para ver si el grupo encaja.

633121293

Y si eres tú quien está leyendo esto…

Lo que te pasa tiene nombre, le pasa a más gente de la que crees y se puede trabajar. No tienes que contarlo todo de golpe: basta con dar un primer paso.


Referencias

  • Barrett, P., Healy-Farrell, L. y March, J. S. (2004). Cognitive-behavioral family treatment of childhood obsessive-compulsive disorder: A controlled trial. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 43(1), 46–62.
  • Barrett, P., Farrell, L., Dadds, M. y Boulter, N. (2005). Cognitive-behavioral family treatment of childhood obsessive-compulsive disorder: Long-term follow-up and predictors of outcome. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 44(10), 1005–1014.
  • du Plessis, D., Lochner, C., Louw, K. A., Hendricks, M., Bowles, L., Fischer, K., Stein, D. J. y Thomas, K. G. F. (2022). A comprehensive view of functional impairment in children and adolescents with obsessive-compulsive disorder adds value. Early Intervention in Psychiatry, 16(9).
  • Geller, D. A., Homayoun, S. y Johnson, G. (2021). Developmental considerations in obsessive compulsive disorder: Comparing pediatric and adult-onset cases. Frontiers in Psychiatry, 12, 678538.
  • International OCD Foundation (s. f.). Who gets OCD? iocdf.org
  • Micali, N., Heyman, I., Pérez, M., Hilton, K., Nakatani, E., Turner, C. y Mataix-Cols, D. (2010). Long-term outcomes of obsessive-compulsive disorder: Follow-up of 142 children and adolescents. British Journal of Psychiatry, 197(2), 128–134.
  • National Institute for Health and Care Excellence (2005). Obsessive-compulsive disorder and body dysmorphic disorder: Treatment (CG31).
  • Pérez-Vigil, A., Fernández de la Cruz, L., Brander, G., Isomura, K., Jangmo, A., Feldman, I. et al. (2018). Association of obsessive-compulsive disorder with objective indicators of educational attainment: A nationwide register-based sibling control study. JAMA Psychiatry, 75(1), 47–55.
  • Radomsky, A. S., Alcolado, G. M., Abramowitz, J. S., Alonso, P., Belloch, A., Bouvard, M. et al. (2014). Part 1 — You can run but you can’t hide: Intrusive thoughts on six continents. Journal of Obsessive-Compulsive and Related Disorders, 3(3), 269–279.
  • Wu, M. S., McGuire, J. F., Martino, C., Phares, V., Selles, R. R. y Storch, E. A. (2016). A meta-analysis of family accommodation and OCD symptom severity. Clinical Psychology Review, 45, 34–44.

 

Más
artículos

Open chat
¡Hola! 👋🏼
¿Podemos ayudarte?